Sofía y los gemelos: Cuando el pasado golpea a la puerta

CAPÍTULO 2 • EL SECRETO

Sofía y los gemelos: Cuando el pasado golpea a la puerta


Dos horas de angustia pasaron antes de que el calor de la mansión lograra estabilizar los cuerpos castigados por el frío. Los bebés, Lucas y Mateo, estaban ahora envueltos en finísimas cobijas de lana, respirando de manera rítmica bajo la vigilancia de Mariana. La adolescente yacía en una cama de huéspedes de la suite principal, con un suero goteando lentamente en su brazo. Emiliano no podía dejar de caminar de un lado a otro. Su mente, usualmente lógica, estaba en caos. ¿Quién era ella? ¿Cómo habían terminado en ese parque? El silencio se rompió cuando los párpados de la joven se abrieron con pesadez.

—"¿Dónde… dónde estoy?" —susurró ella con una debilidad que partía el alma. Emiliano se arrodilló a su lado de inmediato, su presencia imponente suavizada por una ternura que él mismo desconocía. "Ahora estás a salvo. Estás en mi casa. Me llamo Emiliano, te encontré en el parque. ¿Cómo te llamas tú?". La chica lo miró con ojos cargados de un miedo ancestral. "Soy Sofía", murmuró, girando la cabeza para buscar desesperadamente las cunas. "Y ellos son mis hermanitos… Lucas y Mateo".

Un nombre que cambió todo

Emiliano vaciló. Algo en las facciones de Sofía le resultaba inquietantemente familiar, una sombra de alguien que había intentado olvidar. "Sofía, ¿dónde está tu madre?", preguntó con cautela. Los ojos de la chica se inundaron de lágrimas calientes. "Mi mamá nos dejó… dijo que regresaría con algo de comida, pero pasaron las horas y nunca volvió. Nos quedamos en la calle porque no pudimos pagar el cuarto". El pecho de Emiliano se apretó dolorosamente. ¿Cómo podía una madre abandonar a sus hijos en medio de una tormenta de nieve? "Dime una cosa más… ¿cómo se llama ella?". Sofía se sorbió la nariz y pronunció el nombre que derrumbaría el mundo de Emiliano: —"Se llama Natalia Ríos".

Ese nombre cayó sobre Emiliano como un rayo en un cielo despejado. La garganta se le cerró por completo y el aire pareció desaparecer de la habitación. Natalia Ríos. Su primer amor. La mujer que había sido su mundo durante la universidad y que había desaparecido de su vida años atrás, sin una sola explicación, justo cuando él comenzaba su ascenso al poder. Ahora, en su propio penthouse, tenía frente a él a una chica de quince años con los mismos ojos profundos de Natalia, sosteniendo a dos bebés que podrían llevar su propia sangre. La tormenta afuera no era nada comparada con el huracán emocional que se acababa de desatar en su interior.

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