Patrullas en la Puerta: El Intento de Encarcelar a la Verdad

Capítulo III • El Juego Sucio

Patrullas en la Puerta: El Intento de Encarcelar a la Verdad



Desesperado por el bloqueo de sus cuentas, David intentó una jugada maestra de villano: acusar a Jazmín de robo. Denunció ante el Ministerio Público que ella se había llevado joyas y relojes de oro. La policía llegó a la florería de Nadia, lista para arrestar a Jazmín. El miedo regresó, frío y paralizante. Sin embargo, David cometió un error fatal que solo un hombre cegado por la soberbia cometería: subestimó el rastro digital de su hijo.

"El criminal que se cree más listo que la ley, a menudo es quien entrega las pruebas de su propia condena".

Talia Treviño entró al Ministerio Público como una ráfaga de fuego. En lugar de defensas, presentó capturas de pantalla de Facebook Marketplace. Tomás, en su desesperación por obtener efectivo, estaba vendiendo los "objetos robados" en internet desde la sala de su casa. El caso de robo se desmoronó en segundos, transformándose en una denuncia por falsedad de declaraciones contra David. Jazmín salió de la fiscalía no solo libre, sino con una nueva victoria moral: ahora el sistema sabía que David era un mentiroso patológico.

La caída del heredero

Tomás empezó a vender sus relojes de lujo para comprar sopa instantánea. La "sirvienta" que él tanto despreció ahora caminaba con la cabeza en alto, mientras ellos se hundían en la miseria de su propia ineficiencia. Jazmín consiguió un empleo en una editorial prestigiosa; su capacidad para manejar crisis, forjada en el fuego de los cuidados de David, resultó ser su mayor activo profesional. El mundo finalmente veía lo que David intentó ocultar: Jazmín era brillante.

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