Cuentas en Cero: Cuando el Verdugo se queda sin Monedas
Jazmín encontró refugio en la florería de su amiga Nadia, el único lugar donde no era una "sirvienta", sino una hermana. Allí, conoció a Talia Treviño, una abogada apodada "La Tiburona", especialista en destrozar narcisistas financieros. Las fotos de los estados de cuenta y las transferencias fraudulentas de David fueron la munición perfecta. Un juez familiar, horrorizado por la violencia patrimonial, ordenó el congelamiento inmediato de todos los activos de David y Tomás.
El impacto fue brutal. Mientras David y Tomás intentaban pedir comida de lujo, sus tarjetas fueron rechazadas una tras otra. El mensaje en la pantalla era rojo y definitivo: CUENTAS CONGELADAS POR ORDEN JUDICIAL. David, atrapado en su cama, descubrió que sin Jazmín no podía ni siquiera alcanzar el control remoto. La casa, antes un santuario de su ego, se convirtió en un chiquero de pizza vieja y falta de higiene. Tomás, lejos de ser el hijo abnegado, demostró ser el parásito que Jazmín siempre supo que era.
La ley del espejo
David intentó jugar su última carta: la lástima. Le envió mensajes a Jazmín rogando perdón, prometiendo coches y viajes. Pero Jazmín ya no escuchaba al hombre, escuchaba al monstruo que se reía de ella en el hospital. Bajo la guía de Talia, Jazmín se mantuvo firme. Si David quería su "ayuda", tendría que pagar el precio de mercado por cada segundo de cuidado que antes recibió gratis. La "sirvienta" ahora tenía el control de la caja fuerte.