Elinor y Josiah: Un matrimonio contra las leyes del mundo (Parte 3)
Dije un nombre que jamás imaginé escuchar en ese contexto, pronunciado con una gravedad que no admitía bromas ni retractaciones posteriores: Josiah. El herrero. Un hombre esclavizado, conocido por su fuerza, su silencio y su habilidad para reparar lo que otros rompían sin entender cómo funcionaba.
Mi reacción fue confusión, luego miedo, luego una comprensión lenta de que mi padre estaba desafiando algo más que normas sociales. No hablaba de amor, sino de protección, de compañía, de un arreglo que escapaba a la lógica cruel del mercado matrimonial sureño. Yo protesté, no por desprecio, sino por conciencia del peligro, del castigo social, legal y moral que semejante decisión implicaba para ambos.
Mi padre, sin embargo, ya había decidido liberar a Josiah formalmente, arriesgando reputación y relaciones, algo impensable para un hombre como él. Cuando Josiah fue llamado, entró con paso firme, la espalda recta, los ojos atentos, sin servilismo ni desafío, solo presencia humana completa.
Josiah impone una condición que nadie esperaba: el derecho a la voz de Elinor. Descubre cómo empezaron a vivir bajo el mismo techo, desafiando las burlas del pueblo y aprendiendo un idioma de respeto mutuo.