Más que una transacción: La libertad del alma (Parte 4)
No habló de inmediato, escuchó, y cuando finalmente levantó la mirada hacia mí, no vi miedo ni ambición, solo respeto y una cautela compartida. Aceptó el acuerdo con una condición: que yo tuviera voz, que no fuera una transacción más, que ningún vínculo se impusiera sin consentimiento mutuo.
Los días siguientes fueron extraños, llenos de silencios incómodos y conversaciones cuidadosas, como si ambos estuviéramos aprendiendo un idioma nuevo. Josiah nunca me tocó sin permiso, nunca habló por encima de mí, nunca asumió que yo era frágil, solo que merecía tiempo. Trabajaba durante el día y por las noches leía conmigo, aprendiendo letras que el sistema le había negado, enseñándome paciencia a cambio.
El pueblo reaccionó con horror, luego burla, luego silencio hostil, como suele ocurrir cuando algo desafía estructuras demasiado antiguas para justificarse. Nos llamaron aberración, escándalo, error moral, pero ninguno se atrevió a decirlo frente a Josiah, cuya dignidad imponía una distancia incómoda.
La muerte del Coronel y el estallido de la guerra pondrán a prueba su unión. Descubre cómo Elinor y Josiah sobrevivieron al odio y se convirtieron en una revolución silenciosa.