Billetes en el Suelo: El Precio de la Arrogancia
Alejandro sacó su billetera de piel de cocodrilo y, con un gesto cargado de malicia, lanzó un puñado de billetes de cien dólares a los pies de Mariana. "Toma, por los viejos tiempos. Parece que la vida no ha sido muy amable con los que no tienen visión", dijo mientras Camila soltaba una risita burlona. Mariana no se inmutó. Observó los billetes sobre el mármol impecable como si fueran basura que debía ser recogida.
Mariana se inclinó, pero no con la sumisión que Alejandro esperaba. Recogió los billetes con dedos largos y elegantes, los colocó sobre el borde de un bote de basura cercano y dijo con una voz de seda: "Deberías quedártelos. Ese dinero… lo vas a necesitar pronto". Alejandro gruñó, sintiéndose extrañamente pequeño ante esa calma. "¿Sigues con esa actitud de falsa dignidad?", replicó él, aferrándose al brazo de Camila. "¿Ves, cariño? Hay personas que prefieren la miseria con tal de no admitir que fracasaron".
Un brillo que no se puede opacar
Alejandro señaló el vestido de rubíes detrás del cristal. "Ese vestido es para reinas, Mariana. Tú solo estás aquí para limpiar el rastro que las reinas dejamos al pasar". Camila añadió con veneno: "Ni en mil vidas podrías pagar un solo hilo de esa seda". Mariana solo sonrió. Era una sonrisa que Alejandro no recordaba; no era frágil, no era sumisa. Era la sonrisa de alguien que sabe un secreto que el resto del mundo ignora.