El Destino es un Espejo: De Cenicienta a Dueña del Imperio
El aire acondicionado del lujoso centro comercial "Galerías del Sol" parecía incapaz de enfriar el ego de Alejandro Valdivia. Caminaba con la arrogancia de quien cree que el mundo es una extensión de su cuenta bancaria. A su lado, Camila, su actual pareja, se pavoneaba luciendo joyas que gritaban "nuevo rico" a cada paso. Alejandro estaba allí para un propósito específico: comprar el vestido de la colección "Fénix", una pieza de rubíes valorada en un millón de dólares, para asegurar su ascenso a la vicepresidencia de su firma.
De pronto, sus ojos se toparon con algo que no encajaba en su perfecto mundo de privilegios. Una mujer, vestida con el humilde uniforme gris del personal de limpieza, se encontraba inclinada frente al escaparate principal. Estaba de espaldas, pasando un trapo húmedo sobre el cristal que protegía el vestido rojo. Alejandro se detuvo en seco. Esa postura, la forma en que su cabello caía sobre sus hombros… era imposible, y sin embargo, el corazón le dio un vuelco violento.
La sombra del pasado
Era Mariana. Su exesposa. La mujer a la que había abandonado hace siete años tras un divorcio exprés y humillante, alegando que ella "no tenía la ambición necesaria" para estar a su altura. Alejandro soltó una risa amarga que llamó la atención de todos. "¿Mariana? ¿Realmente eres tú?", exclamó con un desprecio mal oculto. Mariana se giró lentamente. Sus ojos, antes llenos de una calidez que Alejandro nunca supo valorar, ahora eran dos lagos de una calma inquietante.