El Rugido del Fénix: Cuando la Limpieza es una Coartada
El estruendo de pasos firmes sobre el mármol interrumpió la risa de Alejandro. Un grupo de hombres en trajes oscuros, con la rigidez de los que protegen algo invaluable, entró al vestíbulo. Al frente venía el gerente general del centro comercial, un hombre que Alejandro conocía bien por ser casi imposible de impresionar. Sin embargo, el gerente se inclinó profundamente, no hacia Alejandro, sino hacia Mariana.
—"Señora Mariana, todo está listo. La prensa está en posición y los inversionistas esperan su señal", dijo el gerente con una reverencia que dejó a Alejandro sin aire. Mariana asintió levemente. Con una parsimonia que parecía coreografiada, dejó el trapo sobre el carrito de limpieza. Se quitó los guantes de hule con una elegancia que hizo que las joyas de Camila parecieran baratijas de plástico.
La metamorfosis de una mujer
Una asistente apareció de la nada y colocó sobre los hombros de Mariana un blazer blanco de corte impecable. En cuestión de segundos, la "empleada" se desvaneció, dando paso a una mujer cuya sola presencia dictaba las reglas del lugar. Alejandro retrocedió, palideciendo hasta quedar del color de la pared. "¿Señora… Mariana?", balbuceó, sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies.