El diagnóstico oculto tras las sábanas blancas (Parte 2)
Pasé días en un estado de trance, observando cada movimiento de mi hijo y su esposa con ojos nuevos. Gabriel parecía estar desvaneciéndose. Su piel, antes bronceada por las caminatas en Vermont, ahora era del color del pergamino. Noté moretones en sus brazos cuando se subía las mangas para ayudarme con el jardín, y su risa, aunque frecuente, sonaba cansada, como si cada palabra le costara un esfuerzo hercúleo.
Eliza, por su parte, se había convertido en su sombra. Lo guiaba, lo sostenía de forma imperceptible y lo protegía de mi mirada curiosa. Pero yo ya no podía quedarme callada. La imagen de la sangre bajo la manta me perseguía cada vez que cerraba los ojos.
La verdad sale a la luz
Una mañana de lluvia persistente, encontré a Eliza doblando la ropa húmeda en el porche. Sus manos temblaban. Decidí que ese era el momento. Entré en la habitación de ellos, saqué el cajón de la mesilla donde había visto vendas y suministros médicos el día anterior, y los puse sobre la mesa.
—"Eliza, necesito la verdad", dije con la voz quebrada. "He visto la sangre. He visto las vendas. Dime que mi hijo no te está lastimando. Dime qué está pasando realmente en esta casa".
Eliza se derrumbó. No hubo gritos, solo un llanto silencioso que parecía haber estado contenido durante eones. "Gabriel está enfermo, mamá", susurró. "Tiene leucemia mieloide aguda. No quería que usted lo supiera porque no quería verla sufrir. Él quería que sus últimos meses en casa fueran normales, sin la sombra de la muerte sobre nosotros".
Me dejé caer en una silla, sintiendo que el aire se volvía plomo. Mi hijo, mi único hijo, se estaba muriendo a unos metros de distancia y yo había estado sospechando de su esposa. Eliza me explicó que las hemorragias eran frecuentes y que ella lavaba todo antes de que él despertara para que Gabriel no sintiera vergüenza de su estado. Ella no solo era su esposa; era el escudo que evitaba que la realidad lo aplastara.
La señora Moorefield se une a Eliza en el cuidado de Gabriel. El verano avanza y la lucha se vuelve más difícil, pero un pacto de amor entre las dos mujeres mantendrá viva la dignidad de Gabriel hasta el final.