Espera un momento. Si estás sentado ahora mismo, es probable que tengas las piernas cruzadas o que tus tobillos se toquen suavemente. Probablemente no lo hayas hecho conscientemente. Es un gesto automático, casi instintivo. Sin embargo, tras esta postura aparentemente inocua se esconde una historia sorprendente: una mezcla de tradiciones antiguas, hábitos profundamente arraigados y señales que nuestro cuerpo a veces intenta enviarnos.
Una postura heredada de la historia… más que de la comodidad
Durante siglos, la forma de sentarse de una mujer no era solo una cuestión de comodidad, sino un auténtico código social. Antes de que existieran los pantalones, los vestidos largos imponían cierta moderación. Cruzar las piernas o juntar los tobillos permitía a las mujeres preservar su modestia y, al mismo tiempo, mantenerse "bien educadas" ante la sociedad.
Esta postura también reflejaba una forma de ocupar el espacio. Mientras que en los hombres se valoraba una presencia amplia y asertiva, las mujeres aprendieron, a menudo inconscientemente, a ser discretas. Incluso hoy, con vaqueros o traje, este reflejo persiste, como un eco silencioso de reglas de más de dos siglos de antigüedad.
¿Por qué esto parece tan natural para muchas mujeres?
Más allá de la educación y las normas sociales, también está la cuestión de la sensación. Para algunas mujeres, cruzar las piernas proporciona una sensación de estabilidad, sobre todo en la zona pélvica. Esta posición puede, en el momento, resultar tranquilizadora y cómoda, sobre todo al estar sentadas durante largos periodos.
También existe una dimensión emocional. Plegar las extremidades suele asociarse con una forma de protección. Sin siquiera pensarlo, el cuerpo adopta una postura que proporciona una sensación de seguridad, especialmente en entornos formales o estresantes.
Lo que el cuerpo puede sentir a largo plazo
Aunque esta posición puede resultar cómoda al principio, mantenerla durante horas no siempre es ideal. Cruzar las piernas durante períodos prolongados puede crear sutiles desequilibrios posturales. Una cadera puede quedar ligeramente más alta que la otra, lo que puede provocar tensión lumbar o molestias en un lado del cuerpo.
Algunas mujeres también notan hormigueo o entumecimiento después de estar sentadas mucho tiempo, señal de que su cuerpo necesita cambiar de posición. Estas no son señales de alarma, sino más bien invitaciones a moverse, estirarse o simplemente variar la postura.
La postura de la “reina”: sencilla y efectiva
Nuestras abuelas a veces tenían dichos muy sensatos. "Pon los pies bien puestos en el suelo" no era solo un comentario cortés. Sentarse con ambos pies apoyados en el suelo, separados a la anchura de las caderas, permite una mejor distribución del peso y promueve una postura más equilibrada.
Esta posición también te ayuda a mantenerte más estable, a activar suavemente los músculos del torso y a sentirte conectado a tierra. Hoy en día, simplemente la llamaríamos ergonomía, pero la idea sigue siendo la misma: respetar la estructura natural del cuerpo.
Cómo cambiar sin apresurarse
Si siempre has cruzado las piernas, no hay necesidad de forzarte a dejarlo de la noche a la mañana. Lo más importante es alternar. Puedes, por ejemplo, cruzar los tobillos en lugar de las rodillas, lo que reduce la tensión y mantiene una postura elegante.
Recuerda escuchar a tu cuerpo. Si sientes la necesidad de moverte, levántate unos minutos, estírate y cambia de posición. A veces, cruzar las piernas es simplemente señal de que la silla está demasiado alta. Un pequeño reposapiés puede marcar la diferencia.
¿Qué pasaría si recuperáramos la forma en que nos sentamos?
Cruzar las piernas no es un defecto ni una obligación. Es un hábito, moldeado por la historia, la cultura y nuestros sentimientos personales. Pero hoy tenemos la libertad de elegir lo que realmente nos hace sentir bien.
En una vida cotidiana en la que pasamos tanto tiempo sentados, quizás el gesto más simple —colocar ambos pies en el suelo y respirar profundamente— es también un pequeño acto de bienestar diario y de una postura sentada femenina y respetuosa con uno mismo .