Una esposa embarazada fue humillada públicamente por su esposo, hasta que un mensaje invocó al hombre más poderoso de la nación (Parte 1)
Carla creía vivir un cuento de hadas con Miguel Montemayor, sin saber que su apellido político era una máscara de crueldad.
Carla, con cinco meses de embarazo, ocultó su verdadero origen para ser amada por sí misma. Pero la familia Montemayor, creyéndola una "don nadie", decidió que esa noche sería el fin de su dignidad.
La mansión de los Montemayor exudaba una opulencia que asfixiaba. Carla, sentada a la mesa de caoba que parecía kilométrica, sentía el peso de las miradas de su suegra, Doña Imelda, y su suegro, el Gobernador Arturo. Durante el noviazgo, Miguel había sido el caballero perfecto, pero tras la boda, el amor se convirtió en propiedad. Esa noche, el mareo del embarazo la traicionó; un leve temblor en su mano hizo que una copa de cristal de Baccarat estallara contra el suelo.
El golpe que rompió el silencio
Miguel no se preocupó. No preguntó si estaba bien. Se puso de pie con una furia animal y, ante la mirada aprobatoria de sus padres, cruzó el rostro de Carla con un golpe seco. "¡Eres estúpida!", rugió. Mientras Carla caía al suelo, protegiendo instintivamente su vientre, la sala no se llenó de horror, sino de risas. Doña Imelda bebió de su vino con desprecio: "Eso pasa cuando traes a una muerta de hambre a una mesa real".
Carla saca su teléfono mientras Miguel se burla de su "familia pobre". El mensaje llega a un destinatario sin nombre y, en cuestión de minutos, el cielo sobre la mansión se llena de helicópteros militares.