"Mi hija no es una esclava": La furia del Senador Dela Vega (Parte 3)
Las puertas del gran salón estallaron cuando los hombres del Senador tomaron el perímetro. Alejandro Dela Vega, el hombre que controlaba los medios y las finanzas del país, entró con una calma aterradora. Ignoró los balbuceos del Gobernador Arturo y se dirigió directamente al suelo, donde Carla sollozaba. Al ver la sangre en el labio de su hija, el Senador rugió con una voz que parecía venir del inframundo: "¿Quién le puso una mano encima?".
La caída de la arrogancia
Doña Imelda, pálida como un fantasma, balbuceó: "¿Dela Vega? Pero ella dijo que era pobre...". El Senador se puso de pie, imponente. "Ella quería ser amada por quien es, no por mi dinero. Pero ustedes, buitres de quinta categoría, confundieron su humildad con debilidad". Sin previo aviso, el Senador golpeó a Miguel, enviándolo contra la misma mesa donde minutos antes se burlaba. "Acabas de firmar la sentencia de muerte de tu dinastía, muchacho".
El Senador revela que ha estado auditando secretamente a los Montemayor durante años. El Gobernador Arturo intenta negociar, pero el Senador le entrega una carpeta con pruebas de lavado de dinero que los llevará a todos a una prisión de máxima seguridad esta misma noche.