La llamada: “Nivel cinco”. Y la noche dejó de ser una fiesta (Parte 2)
Continuación directa. Más tensión, más contexto, y la línea fina entre una reunión social y una emergencia real.
Me quedé inmóvil, pegada a la barandilla del balcón. Podía oír la música dentro, risas, copas chocando… como si el mundo no supiera lo que venía.
—¿Origen? —pregunté, la voz baja, controlada.
—Una granja de servidores en Europa del Este. Coincide con marcadores que vimos en un incidente anterior —dijo mi segundo—. Están apuntando a infraestructura civil. Si no se neutraliza, una ciudad puede quedarse sin energía.
No voy a mentir: en situaciones así, el cuerpo siente cosas. Pero mi entrenamiento me enseñó a diferenciar emoción de señal. Si mi respiración se acelera, no es pánico: es enfoque.
En la vida diaria, el estrés puede subir la presión arterial, empeorar el sueño o intensificar ansiedad. Si esto ocurre de forma frecuente, un médico puede recomendar hábitos y, si corresponde, evaluación con análisis de laboratorio. En una emergencia real, la prioridad es la seguridad, pero después también importa el autocuidado.
—Necesitamos su autenticación —continuó la voz—. Sin su autorización, no podemos ejecutar la contra-intercepción. Y hay un problema: el token físico… el suyo es el único activo.
Miré mi bolso. Lo llevaba conmigo por costumbre. No era un bolso caro, pero su forro tenía una costura doble. En esa costura dormía un pequeño dispositivo que, en el momento equivocado, podía sentirse como un corazón ajeno pegado a la piel.
—Lo tengo —respondí—. ¿Tiempo?
—Seis minutos para extracción. Un punto de aterrizaje a cinco millas. Enviamos un Black Hawk.
Casi reí. La idea de un helicóptero militar aterrizando en una reunión de exalumnos era absurda… pero la urgencia nunca pide permiso a la vergüenza.
Volví a entrar. La música había cambiado a una balada nostálgica de nuestra promoción. Khloe estaba cerca del bar observándome, como si mi simple existencia le estropeara la foto perfecta.
—Becca… pareces haber visto un fantasma —dijo con esa falsa preocupación—. ¿Todo bien? ¿Perdiste tus maletas? Puedo prestarte dinero si necesitas…
La interrumpí. —Khloe. Escúchame. Aléjate de las ventanas.
Ella parpadeó, confundida, a punto de reír. —¿Qué? ¿Te dio un ataque de…?
Jason se acercó, divertido. —¿Qué pasa, Becca? ¿Ves francotiradores en los árboles?
Mi voz bajó a un tono que casi nadie conocía. El tono que usas cuando necesitas que te crean sin preguntas. —No es un chiste. En minutos, habrá movimiento afuera. Quédense dentro. Mantengan la calma. No interfieran con el personal.
Jason retrocedió medio paso. Su sonrisa se agrietó. Khloe, en cambio, se ofendió. —Deja tu numerito de “soldado”. Es vergonzoso. Tú no eres más que una…
El suelo vibró. Primero suave, luego como un rugido que se sentía en las costillas. Copas tintinearon. Conversaciones se cortaron.
—¿Eso es un helicóptero? —gritó alguien.
El ruido creció. Las luces del jardín temblaron bajo el viento de los rotores. Un Black Hawk negro descendió de la noche de las montañas como un animal sin nombre. Sus reflectores barrieron el cristal, cegando a los invitados que se amontonaron contra las ventanas.
Incluso si no es “miedo”, el cuerpo puede reaccionar: manos frías, tensión muscular, estómago cerrado. Si este tipo de reacciones aparecen fuera de contextos extremos, puede ser útil consultar en clínica por ansiedad, sueño, y revisar factores como glucosa/diabetes, tiroides o déficit nutricionales mediante laboratorio.
La puerta lateral del helicóptero se abrió antes de que terminara de estabilizarse. Un hombre salió con uniforme completo. Medallas brillando bajo las luces del resort. No miró a nadie. No miró el hotel. Me miró a mí.
Caminó con paso recto, atravesando el césped. Se detuvo a pocos metros y saludó con precisión.
—Teniente general Cole —gritó por encima del ruido—. La situación ha empeorado. La necesitamos ya. Autorización Echo-Five.
Detrás de mí, el salón se quedó helado. Alguien susurró: —¿General…?
Khloe parecía de piedra. Jason se quedó sin voz. Yo metí la mano en el bolso, saqué el dispositivo, y el mundo cambió de eje.
—Vamos —dije.