El retrato prohibido y la furia del gigante (Parte 2)
La segunda mañana en la cabaña trajo una calma frágil. Mientras Julián recolectaba leña, Sofía comenzó a ordenar el caos de aquel hombre. Fue entonces cuando vio el portarretrato boca abajo. Al levantarlo, una punzada le atravesó el pecho: Julián sonreía junto a una mujer y un bebé. Había tenido una vida, una familia, un motivo para amar que la montaña le arrebató.
La Furia de Julián
"No toques mis cosas", bramó Julián al entrar y verla con la foto. La calidez del desayuno se evaporó instantáneamente. Él le confesó, con una rabia que era puro dolor, cómo una avalancha hace cinco años se llevó a su esposa Silvia y a su hijo Mateo. Julián no vivía en la montaña; estaba cumpliendo una condena de duelo.
Sin embargo, la tragedia no vendría solo del pasado. Mientras buscaban provisiones en el cobertizo, un lobo hambriento saltó sobre Sofía. Julián, sin dudarlo un segundo, se lanzó entre los colmillos y ella para protegerla, sellando con sangre un vínculo que ya no era un simple trato de tres días.
Llega el momento de la despedida, pero Sofía descubre que no quiere irse. El regreso al pueblo de Valle Escondido la enfrenta cara a cara con el malvado Armando Salazar, quien tiene un plan retorcido para recuperarla.