El Legado de la Sombra: Por qué la Habitación nunca se Apaga
Alejandro Salgado desapareció de la Ciudad de México semanas después de su renuncia. Algunos dicen que se refugió en un pequeño pueblo de Veracruz, huyendo de las miradas de los extraños que juraba ver en cada esquina. Las enfermeras que dieron a luz fueron indemnizadas y obligadas a firmar acuerdos de confidencialidad de por vida. De los niños, nada se supo oficialmente; se cree que fueron puestos bajo custodia estatal en una instalación de alta seguridad. Miguel Ángel Torres murió tres meses después del traslado, pero los informes médicos indicaron que su cuerpo pesaba exactamente 21 gramos menos de lo esperado, la mítica medida del alma.
Hoy en día, la Habitación 312-B del San Judas Tadeo está tapiada con láminas de metal tras la puerta de madera. Ningún intendente se atreve a limpiar el pasillo cercano después de la medianoche. Dicen que si pones el oído contra el metal, todavía puedes escuchar el eco del monitor cardíaco y el susurro de un hombre llamando a una niña que nunca fue rescatada. La cámara que Alejandro escondió nunca fue recuperada por él, y los guardias juran que en las noches de tormenta, la luz roja de grabación parpadea desde el interior, como si el misterio aún estuviera siendo filmado.
El fin del doctor
Alejandro dejó una última nota en su diario personal antes de ser visto por última vez: "No son hijos de Miguel. Son fragmentos de algo antiguo que despertó bajo la tierra de la Roma. Miguel solo fue el puente. Dios nos perdone por haberlos dejado entrar". La habitación permanece vacía, pero el hospital San Judas Tadeo sabe que el verdadero castigo para la curiosidad es vivir sabiendo que hay puertas que, una vez abiertas, nunca vuelven a cerrarse del todo. El misterio de la 312-B es ahora una leyenda urbana, pero para Alejandro, fue el final de su mundo.