Creyó que su cita a ciegas lo había dejado plantado… hasta que dos gemelas entraron llorando (Parte 1)

Creyó que su cita a ciegas lo había dejado plantado… hasta que dos gemelas entraron llorando (Parte 1)



Evan Parker estaba sentado solo en una pequeña mesa en una esquina del restaurante Harbor Olive, un tranquilo lugar italiano cerca del paseo del río. Miró su teléfono otra vez.

7:11 p.m.

La silla frente a él seguía vacía. Limpia. Perfecta. Casi burlona.

El camarero ya le había ofrecido agua dos veces, pan más de una, y una sonrisa educada que decía todo sin decir nada.

Evan respiró hondo y dejó el teléfono boca abajo.

Habían pasado tres años desde que su esposa nunca regresó del hospital. Tres años aprendiendo a cocinar para un solo niño, a pasar las noches sin conversación, a dormir junto al silencio.

Tal vez su cuñada tenía razón al empujarlo a “volver a salir”. O tal vez esa silla vacía era el único final que el mundo aún sabía darle.

Pensó en Leo, su hijo de seis años, dormido en casa de su tía. Evan trabajaba como consultor de seguridad laboral. Ayudaba a la gente a prevenir accidentes.

Pero lo que se había roto dentro de él no tenía que ver con huesos.

Vivía en el pecho, donde la ausencia respiraba.

El restaurante zumbaba de vida: parejas riendo, familias compartiendo platos, copas chocando.

Entonces la puerta se abrió de golpe.

Dos voces pequeñas

Dos niñas pequeñas entraron corriendo.

Eran gemelas, tal vez de ocho años. Vestidos florales iguales, el cabello enredado, como si hubieran corrido más que solo por las calles. Tenían el rostro lleno de lágrimas.

Pero lo que apretó el estómago de Evan fue la tierra en sus rodillas. Los rasguños en sus brazos. Y la mancha oscura en el cuello de una de ellas.

Miraron el restaurante como náufragos buscando tierra.

Y luego lo vieron a él.

Corrieron hacia su mesa.

—¿Tú eres… Evan? —jadeó una de ellas.

Evan se levantó tan rápido que su silla chirrió.

—Sí. Soy yo. ¿Están bien? ¿Qué pasó? ¿Dónde está su mamá?

La otra gemela se aferró a su brazo.

—Ella iba a reunirse contigo aquí —lloró—. Pero unos hombres entraron a nuestra casa. Rompieron la puerta. Le hicieron daño.

—Nos dijo que corriéramos. Que te buscáramos —dijo la otra—. No sabemos si sigue respirando.

El restaurante quedó en silencio.

—¿Cómo se llama su mamá? —preguntó Evan.

—Melissa Brooks —susurró una.

El nombre le apretó la garganta.

—¿Dónde viven?

—A tres cuadras. Calle Maple. La casa con la cerca blanca.

—Voy con ustedes.

En la Parte 2: Evan llega a la casa y encuentra a Melissa inconsciente.

Comments