Buscando a Sofía: El viaje que tardó ocho años en comenzar (Parte 3)
Elena no perdió tiempo. Acompañada por Daniel, dejó su panadería y se dirigió a la clínica comunitaria donde Sofía trabajaba. El viaje fue un torbellino de emociones; Elena apretaba su rosario, temiendo que todo fuera un sueño cruel. Daniel le contó que Sofía, ahora de 18 años, era una joven fuerte que ayudaba a los enfermos, cargando con una melancolía que solo se aliviaba cuando rezaba a la Virgen de Guadalupe, tal como lo hacía su madre biológica.
La puerta de la clínica
Al llegar, el corazón de Elena latía con una fuerza que amenazaba con romper sus costillas. Daniel entró primero para preparar a Sofía. Elena se quedó afuera, respirando el aire de Jalisco que una vez le robó todo y que ahora parecía estar a punto de devolvérselo. Cuando finalmente cruzó el umbral, vio a una mujer joven con las mismas trenzas y los mismos ojos brillantes que recordaba. El tiempo se detuvo. No hacían falta palabras, solo la mirada de una madre que reconoce su propia sangre en la distancia.
El abrazo que el mundo esperó durante ocho años. Sofía reconoce a su madre y juntas regresan a la Ciudad de México para reconstruir una vida destrozada por el pasado. El milagro se hace oficial ante las Madres Buscadoras.